COP30, Futuro difícil

Canarias7

El COP30 ha confirmado el papel relevante que tiene atribuido como espacio para responder a los desafíos del Cambio Climático en el contexto internacional (56.118 delegados presentes, 5.000 participantes virtuales, delegados formales de 193 países más la UE, 9.500 observadores de más de 39,000 solicitudes…)  y como viene siendo habitual, muestra resultados que se interpretan como avance claro hacia su objetivo, pero a ritmo insuficiente frente a la velocidad con que está ocurriendo el Cambio Climático (o no, según la posición de los analistas). Esto es consecuencia directa de la metodología empleada para la toma de decisiones, que obliga a que los acuerdos sean consensuados al 100%, conduciendo a que, en temas contradictorios, inexorablemente sean insatisfactorios.

Lo Conseguido

En esta ocasión se muestra el conjunto de trabajo realizado por las partes realmente implicadas, con arduo trabajo técnico y de detalle realizado en las dos semanas de concentración, lo que ha conducido al acuerdo de una Agenda Quinquenal denominada “COP30 Action Agenda” que incluye 117 planes de aceleración climático, elaborados a partir de 480 iniciativas previas, intentando concretar cómo hacer de forma práctica y eficiente acciones de valor y bien dirigidas al objetivo climático central.

La Agenda ha quedado estructurada en 6 ejes temáticos:

Eje 1: Transición de energía, industria y transporte. Una coalición global de socios acordó impulsar un plan de inversión de 1 billón de dólares para triplicar la capacidad renovable para 2030 (apoyado por el fortalecimiento de los ecosistemas de la red y grandes compromisos de servicios públicos), incluyendo 148.000 millones de dólares anuales para redes y almacenamiento.

Eje 2: Gestión de Bosques, Océanos y Biodiversidad. Los Gobiernos cumplieron temprano el compromiso de tenencia de la tierra de 1.700 millones de dólares de la COP26 y lo renovaron con 1.500 a 2.000 millones de dólares adicionales, asegurando que el 20% de la financiación fluya directamente a los pueblos indígenas y las comunidades locales, promoviendo la protección en 160 millones de hectáreas.

Eje 3: Transformación de la Agricultura y los Sistemas Alimentarios. Más de 40 socios informaron de 9.000 millones de dólares invertidos en paisajes regenerativos, alcanzando a 12 millones de agricultores en más de 110 países y restaurando más de 210 millones de hectáreas.

Eje 4: Construir resiliencia para las ciudades, infraestructuras y agua. Las ciudades y regiones que representan 25.000 edificios y 4.000 millones de dólares en una facturación anual, recortaron 850.000 toneladas de CO₂ en 2024, mientras que las nuevas plataformas financieras apuntan a alcanzar 200 ciudades para 2028.

Eje 5: Fomentando el Desarrollo Humano y Social.  El Plan de Acción de Salud de Belém, el primer plan internacional de adaptación climática-salud del mundo, lanzado con el apoyo de 35 filantropías y 300 millones de dólares comprometidos, mientras que 437,7 millones de personas ya han obtenido beneficios de resiliencia a través de campañas Race to Resilience.

Eje 6: Desatando facilitadores y aceleradores. Los socios de Adaptation Finance (FINI) anunciaron 1 billón de dólares en carteras de adaptación invertibles para 2028, con un 20% procedente de inversores privados, más 500 millones de agencias multilaterales y filantropías para fortalecer la capacidad local de implementación.

Lo Pendiente

Este esfuerzo y enorme trabajo concreto y orientado, queda opacado por las tres grandes decisiones que se estiman necesarias, que se esperaban y no se han conseguido:

El establecimiento de indicadores fiables y robustos. Que sirvan de guía mesurable para el establecimiento de las políticas de adaptación y seguimiento de su eficacia. El trabajo realizado durante dos años (a partir de 9.529 indicadores), por parte de un grupo de expertos internacionales, se concretó en 490 al inicio de la Jornada, finalmente quedó en la aprobación de 59, que según amplias opiniones son insuficientes, poco claros y bastante inoperables.

El financiamiento del proceso de adaptación para los países en desarrollo. Mandato que había quedado planteado en el COP29 conocido como “La Hoja de Ruta de Bakú a Belén” que planteaba alcanzar 1.300.000 M$ anuales en 2035 y que ha quedado en un concepto genérico como: “objetivo de triplicar el gasto en 2035” sin fijar plazos, ni referencias concretas a las que referir los aumentos.

Finalmente, el más llamativo ha sido: No inclusión de ninguna referencia a la hoja de ruta para la eliminación de los combustibles fósiles en la que se venía trabajando continuadamente en los COPs anteriores (apoyada aquí por 88 países encabezados por la Unión Europea) y que ha tenido como consecuencia abrir el planteamiento para que este objetivo pueda ser abordado en algún marco multilateral especifico fuera de este marco CMNUCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático).

El Futuro Difícil

Lo sucedido en este COP30 viene a reflejar un cambio muy significativo de la situación y perspectiva de cómo afrontar el Cambio Climático y las consecuencias de conseguir o no, el objetivo de control del aumento de la temperatura global en torno al máximo de 1,5 °C en este siglo.

La situación internacional queda perfectamente evidenciada por la constitución (con niveles de organización variable) de tres grupos de países, caracterizados por su respuesta al coste resultante derivado de afrontar y acometer las medidas necesarias para su contribución.

Abordar los cambios necesarios, genera crecimiento económico y oportunidades en el desarrollo e implantación de las nuevas tecnologías sustituyentes del uso de los combustibles fósiles (como fuente energética básica), aunque paralelamente se producen los costes de eliminar la cadena de generación y uso de estos.

La primera impresión de la situación señala con claridad que: Los países caracterizados por aceptar o no la información existente sobre la evidencia y perspectiva del Cambio Climático, dependen directamente de la voluntad de aceptar o no los costes para tratar de evitarlo.

El bloque de países que aceptan las necesidades de detener el Cambio Climático tomando las medidas necesarias y pagando sus costes, que podríamos denominarlos como convencidos (los 88, encabezados por la Unión Europea), a su vez se diferencian en dos grupos: los desarrollados y liderados por la Unión Europea, que entienden y asumen abordar de forma determinada el esfuerzo de control nacional) y el bloque de los países en desarrollo, que aceptando los principios, estando convencidos y decididos a tomar las medidas necesarias, requieren ayudas (que pueden llegar a ser muy importantes).

Frente a ellos, el grupo de los países que niegan la aceptación del Cambio Climático como realidad, lo que les permite mantener y usar de forma generalizada los combustibles. Es obvio que este grupo está encabezado e impulsado por los países productores de petróleo y gas, acompañados por aquellos que los lleva a la negación la visión a corto/medio plazo de los costes que provoca la transformación.

La coincidencia, tras el cambio de posición de las dos mayores economías del mundo hoy: Estados Unidos y China, en posiciones negacionistas, marca un escenario difícil de valorar, pero que con claridad señala la necesidad de enfatizar las medidas para aumentar la capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad.

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