El cúmulo y sucesión de noticias que se producen de forma acelerada desde el inicio de la actual administración en Estados Unidos es de tal magnitud, variedad y dimensión que hace imposible objetivamente prestar la atención suficiente para evaluar los efectos en su contexto nacional o cuando tales acciones producen consecuencias internacionales o cuando realmente se plantean con objetivos de influir directamente en el ámbito internacional.
La dificultad objetiva de entender con claridad esta situación debe ser un estímulo, de la mayor importancia para impulsar el análisis más detallado de lo que está sucediendo y sus consecuencias.
El jueves 12 de febrero de 2026, se ha firmado la revocación oficial de la declaración Endangerment Finding de 2009, que indicaba la amenaza para la salud y el clima que era el CO2, siendo el fundamento legal para la regulación de todas las medidas dirigidas al control de las emisiones de gases de efecto invernadero GEI en Estados Unidos.
La importancia de esta decisión específica se ve maximizada, en la medida que viene a sumarse con otras (más de 31), dirigidas a eliminar o relajar toda clase de regulaciones sobre gestión de condiciones de operación respecto del aire, agua, emisiones y químicos tóxicos, para controlar sus efectos y consecuencias sobre la población y el medio ambiente. El conjunto, sin duda, es el proceso desregulatorio más importante y rápido conocido en el contexto internacional.
Resulta sorprendente e impresionante que este proceso esté liderado y gestionado por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA), el organismo dirigido a la misión claramente explicitada en su denominación.
La importancia directa local para la población de Estados Unidos y la repercusión global se deriva de pocas, simples y erróneas ideas:
Los efectos dañinos para la salud humana y ambiental que las medidas derogadas o debilitadas tratan de suprimir o controlar “no existen” o se exageran (malintencionadamente). Esta afirmación es consecuencia de la evaluación política de la realidad, con independencia o en contra de todo el conocimiento acumulado globalmente (una parte importante del cual ha sido generado por personas y organizaciones estadounidenses).
Esto se hace por la razón evidente de que el control ambiental es caro e incluye dificultades amplias y diversas en la gestión general de las sociedades modernas, que al ser suprimidas tienen efectos directos evidentes en contraposición a los efectos negativos de lo que las regulaciones tratan de evitar, que se evidencia en plazos de tiempo largos (por ejemplo: los efectos que un contaminante produce en personas y, o grupos sociales o en condiciones ambientales que son siempre a largo plazo). Esto se generaliza de forma simple y demagógica a la negación de la existencia del Cambio Climático y sus efectos.
La simpleza y claridad de la confrontación: Efecto a corto plazo frente a los de largo plazo, debidamente acompañada de campañas mediáticas potentes en un periodo de transición económico y social, oculta en gran medida la estupidez y la magnitud del error que suponen y la consecuencia de los enormes daños que se van a producir a largo plazo (algunos ya se están produciendo, aunque no sean aceptados conceptualmente) para las personas y el medio.
Se oculta voluntariamente que las circunstancias que están produciendo un empeoramiento de la realidad socioeconómica actual y previsiblemente futura, al menos a corto-medio plazo. de un porcentaje importante de la población en Estados Unidos y otros países desarrollados, no tienen su origen en las medidas ambientales y sus costes (por más que sean una dificultad adicional de la realidad socio económica actual).
Esta situación, tiene como ventaja demagógica para las medidas anti ambientales simples que pueden dar la percepción de mejoras a corto plazo, mientras los grandes problemas y consecuencias negativas se evidenciarán en las persona y entornos a medio y largo plazo.
Adicionalmente, la consecuencia de no dedicar la atención y esfuerzos necesarios a las causas reales de la situación socioeconómica actual y optar por el ahorro ambiental inmediato (Estados Unidos en este momento), va a proyectar muy probablemente problemas de mayor dimensión y gravedad hacia el futuro.
Este enfoque estadounidense, se simultánea por dimensión y criterio con el planteamiento europeo (absolutamente contradictorio), basado en asumir: la certeza ambiental inequívoca, la necesidad de combatirla y la realidad y perspectiva socioeconómica difícil, planteando que la vía de solución ha de basarse en que:
El desarrollo y mejora del futuro socioeconómico tiene que hacerse como soporte y parte intrínseca de la conservación de la salud y condiciones de vida de las personas y el medio ambiente.
Esta vía europea (que estaba siendo asumida y compartida también en Estados Unidos), no es nada fácil, es la causa por lo que ahora se abandona en EEUU, ya que, al coste se suman elementos de burocratización de aspectos de la vida general de los ciudadanos, que generan rechazo y que se añade a lo que es un problema específico (y preocupación generalizada) de la Unión Europea que también está siendo usado como impulso hacia planteamientos negacionistas desde el interior de la EU.
China (por su dimensión económica, condiciones de población, medioambiente y organización política), se ha constituido en una tercera opción, permitiendo un mejor análisis comparativo.
La aproximación china (de forma muy simplificada) se basa en obviar la visión de conjunto y optar por la eficacia directa en cada caso:
Así puede convivir un enorme esfuerzo medioambiental, como el derivado del desarrollo acelerado de la generación eléctrica a partir de energías renovables, probablemente el de mayor dimensión global, con un enorme impulso en el aprovechamiento y uso (abusivo) de combustibles fósiles, con la generación proporcional creciente de GEI.
La dimensión de la economía americana, la radicalización de las medidas ya tomadas y las que se sigan tomando, van a producir una inercia socioeconómica y de visión que transcenderá en mucho al tiempo que pueda durar este enfoque y estrategia política actuales, por lo que ya se ha producido una alteración en los objetivos y sus hitos temporales previstos en los años 1930, 1945 y 2000, en consecuencia, una nueva realidad que ha de ser reevaluada con la mayor rapidez y realismo.
Es claro que los objetivos planteados para acotar el cambio climático (a 1,5 °C en la centuria, que ya eran difíciles de conseguir), ahora van a ser imposible, con lo cual hay que rehacer los análisis, entendiendo que una parte importante de los esfuerzos tendrán que dirigirse a prever, disminuir y paliar los daños que se van a producir.
El avance difícil que se venía produciendo, hacia el consenso internacional creciente sobre las medidas a tomar (con una visión de impulso y gestión principalmente multilateral), queda truncado, por lo que es evidente la necesidad de crear y mantener otros nuevos espacios (o antiguos modificados), de acción multilateral, con la misma adicional visión preventiva y de mitigación en los espacios en que sea aplicable.
Hay que prestar atención cuidadosa, a las consecuencias de la asimetría de enfoque entre los distintos espacios económicos, por las diferencias de competitividad que se van a producir. Los costes directos e indirectos en muchas actividades económicas, influidas o producidas en cada espacio económico producirán ventajas y desventajas de importancia en los mercados globales.





